Sobre nosotros

¿Has pensado en empezar a comer stevia o moringa en la despensa de tu cocina para mejorar tu salud? 

Sin duda son dos plantas con propiedades maravillosas, que a nosotros nos enamoró desde el principio.

¿Quién hay detrás de Mamahoja? 

Somos Jesús y Fernando, dos hermanos de un pueblo de la campiña de Jaén. 

 

Stevia Mamahoja

 

Entre cigüeñas, mariquitas y otros tantos animales, tenemos plantada nuestra stevia y moringa.

Vamos a regar las plantas a diario y a controlar cómo marcha todo. 

A veces nos quedamos hasta embelesados de lo rápido que crecen. Otros días plantamos, o preparamos nuevos surcos y ponemos gomas de regadío. Ya se sabe que en el campo siempre hay algo que hacer.

Hemos plantado todo con mucho amor y atención detrás. Hemos tenido que experimentar aquí y allí para ver crecer nuestra producción. Y aunque la stevia y moringa no son plantas delicadas (aguantan los más de 40º al sol los meses de verano), hay que cogerle el truco. 

stevia Mamahoja

Trabajando con la moringa

Stevia Mamahoja

Mariquita de 7 puntos en una planta de stevia

Nosotros estamos en contacto con la stevia y moringa físicamente, pero para ti esta web es la ventana de acceso a las plantas. Para tener stevia o moringa en tu cocina en menos de lo que canta un gallo (en Jaén), haz click en el botón.

 

¿Por qué ese nombre tan extraño?

Tiene su por qué detrás. No está puesto al azar. Y aunque hoy en día es complicado hacerte con un dominio web y un nombre de marca (ya que todos los que posiblemente se te puedan ocurrir ya tienen dueño) Mamahoja es un nombre con significado. 

Todo comienza con nuestra abuela, que se llama Eulogia.

Como es un nombre complicado de pronunciar, cuando éramos pequeños le decíamos Mamahoja para facilitar las cosas y no trabarnos con la lengua. Por eso pensamos que además de tener un sentimiento para nosotros, la palabra podía valer para el negocio.

Si analizamos la palabra detalladamente:

“Mama”: vinculado al amor, cariño y al handmade.

“Hoja”: vendemos hojas de stevia y moringa, así que un 10 sobre 10.


Curiosidades sobre nosotros...

Somos de lo más normal del mundo. ¿O no?

→ 5 curiosidades sobre Jesús

Jesús

1. A los 5 años me apunté a la banda municipal de Mengíbar para aprender a tocar la trompeta. Y todavía estoy en ella.  

2. Desde que tenía 8 años he tenido siempre una huerta propia donde sembraba tomates, pepinos, pimientos, cebollas… También he tenido gallinas, pavos, conejos, pájaros, y por supuesto a mi perra Kira.

3. Todos los abuelillos mayores de la zona iban pasando por mi huerto y me iban dando consejos. Fueron lecciones que aprendí y que siempre me servirán.

4. Con14 años quería comprar una vaca para obtener leche y hacer quesos. Viendo lo que comía, mis padres me regalaron una cabra para que me conformase para hacer los quesos. Poco a poco, y junto a mi amigo Manolo Coca, fuimos aumentado la ganadería, hasta que tuvimos… ¡100 cabras! Muchas las criamos desde que eran bebés con biberón. Y es que a los dos nos gustan los retos.

5. Actualmente soy estudiante de medicina en Granada. ¡Entre la stevia y los estudios siempre estoy ocupado!

 

→ 5 curiosidades sobre Fernando

Fernando

1. Desde siempre me ha fascinado la naturaleza. En el recreo del colegio me entretenía con cualquier insecto o con los pájaros que se llevaban los restos de bocadillo de los niños, 

2. Con 9 años le pedí a mis padres que me compraran las cintas en VHS de Félix Rodríguez de la Fuente. No sé cuántas veces habré podido ver cada una...

3. Con 18 años decidí estudiar Biología. Quería formarme y participar en proyectos de conservación en todo el mundo.

4. Actualmente compagino el trabajo con mi tesis doctoral. En ésta estudio el efecto del ecoturismo sobre el estrés generado en  cigüeña blanca.

5. Tanto como para mi hermano como para mí, la conservación de la naturaleza es algo muy importante. Nosotros no utilizamos productos químicos que suelen ser utilizados en los cultivos convencionales, y por eso decidimos que nuestra plantación debía tener el certificado de producción ecológica. Cuando fuimos a las oficinas del CAAE, nos preguntaron por el material de trabajo que teníamos. Estábamos empezando y nos daba mucha vergüenza decir que solamente teníamos un par de azadas, un rastrillo y una pala, por lo que ambos nos pusimos rojos de reírnos tanto. La trabajadora de la oficina se contagió de la risa y no podíamos parar de reír. ¡Afortunadamente, hemos podido invertir un poco más, y poco a poco nos vamos mecanizando!